MDMA

 

La MDMA (3,4-metilendioximetanfetamina o éxtasis) es un derivado anfetamínico. Suele presentarse en forma de comprimidos (pastis, rulas) o directamente en su forma cristalizada (cristal). Se utiliza por vía oral.

La MDMA amplifica e intensifica de las sensaciones emocionales, sentimientos de cercanía hacia los demás, confianza y empatía, sensaciones de autoestima, de bienestar y felicidad, aumento en la apreciación de la música y modificación de las percepciones sensoriales, deseos de abrazar y besar a los demás…

La dosis activa oscila los 75 y los 150 mg. (por ejemplo media pastilla de unos 150 mg o 1/8 de gramo de un cristal de 80% de pureza). Si se repiten dosis en una misma sesión, no es recomendable exceder los 250 mg. Dosis superiores no producen aumento en los efectos placenteros pero sí en los efectos adversos y tóxicos. Los efectos se mantienen unas 4 – 6 horas, siempre dependiendo de la dosis y de la persona.

 

Problemas de salud asociados a la MDMA:

 

Efectos adversos:

Los efectos de la MDMA suelen aparecer de forma brusca (“subidón”), fase que se puede acompañar de ansiedad, mareo o nauseas en algunas personas. La dilatación de las pupilas, sequedad de boca y contractura mandibular son efectos adversos frecuentes. También pueden aparecer falta de apetito, taquicardia y dificultad para orinar.

La “resaca” de la MDMA no suele aparecer a la mañana siguiente sino 48-72 horas después. Los síntomas son los opuestos a los efectos deseados (apatía, tristeza, cansancio, ansiedad…) Estos síntomas suelen ser pasajeros y dependientes de la dosis aunque algunas personas son particularmente susceptibles a este estado. En personas con antecedentes de depresión o ansiedad graves así como otras enfermedades mentales el consumo está particularmente contraindicado.

Toxicidad:

La MDMA se ha asociado al “golpe de calor”, un cuadro de hipertermia brusca con fiebre por encima de 42º C que puede ser mortal en pocas horas. Este efecto es posible pero extraordinariamente raro.

La MDMA produce efectos tóxicos sobre las neuronas. Este efecto está demostrado en animales pero las dosis empleadas en estos experimentos no permiten extrapolar los resultados directamente a los humanos. No existen evidencias de que un uso ocasional, esporádico o espaciado en el tiempo de las dosis habituales produzcan efectos neurotóxicos en humanos. Los consumidores intensivos de dosis elevadas durante mucho tiempo sí podrían estar, al menos teóricamente, expuestos a estos riesgos. Los estudios disponibles muestran problemas de memoria en este tipo de usuarios, sin que esté claro todavía si son reversibles o no.

 

Interacciones con drogas y fármacos:

 

La combinación de alcohol y MDMA puede facilitar la deshidratación y aumento en la temperatura corporal, sobre todo en cantidades elevadas.

La mezcla de MDMA con otros estimulantes (tipo cocaína o anfetamina -speed-) potencia la estimulación del sistema nervioso y cardiovascular, facilitando la aparición de  efectos indeseables.

En personas con VIH o VHC en tratamiento con inhibidores de la proteasa y cobicistat el uso de MDMA puede incrementar sus niveles en sangre de forma peligrosa. Se han descrito casos de muerte, en concreto con ritonavir en dosis elevadas. La combinación con algunos fármacos antidepresivos (de la familia de los inhibidores de la monoaminooxidasa como la moclobemida) también puede ser mortal.

 

Consejos para un uso más seguro:

 

La cantidad de MDMA en las pastillas puede ser muy variable. Si hace unos años eran frecuentes pastillas con 80-100 mg, en el momento actual no es raro encontrar comprimidos con 180-200 mg. Por otra parte tanto en las pastillas como en el cristal existe riesgo de adulteración. Por estos motivos conviene analizar las muestras antes de su consumo. Puedes encontrar más información en nuestro Servicio de Análisis. Si vas a probar una muestra cuya composición es desconocida, conviene empezar con una cantidad muy pequeña para conocer sus efectos.

En inglés la metanfetamina se conoce como crystal meth. Es importante no confundirla con la forma cristalizada de MDMA (cristal). El uso intranasal o intravenoso de esta última puede ser muy tóxico, incluso mortal.

La MDMA se absorbe de forma más rápida y eficaz con el estómago vacío. La sensación de «nudo en el estómago» durante el inicio de los efectos, que puede llegar a producir nauseas y vómito en personas sensibles, es menor si no se han ingerido alimentos. Por estos motivos se suele recomendar no comer unas horas antes de tomar éxtasis.

Mientras se está bajo los efectos de la MDMA es importante evitar los riesgos asociados al golpe de calor. Deben evitarse los ambientes extremadamente cargados, húmedos y cálidos. Es importante protegerse del sol, sobre todo en verano y durante las horas centrales del día. Su uso en saunas puede incrementar los riesgos de deshidratación y golpe de calor.

Si se está bailando o realizando actividad física intensa, es necesario descansar un poco cada cierto tiempo y recuperar los fluidos que se pierden por la evaporación del sudor y por la orina. Los zumos, bebidas isotónicas para deportistas y refrescos son más adecuados que el agua, ya que permiten recuperar también las sales minerales.

Como norma general, las personas que padecen hipertensión arterial, enfermedades cardíacas o hepáticas, hipertiroidismo, epilepsia, glaucoma, diabetes e inmunodepresión deberían abstenerse de utilizar MDMA.

La MDMA puede facilitar el contacto interpersonal, disminuir las inhibiciones e incrementar el deseo sexual. El sentido del tacto y las sensaciones corporales se intensifican de forma placentera. Sin embargo muchos usuarios refieren que la MDMA es una droga más “sensual” que “sexual”. La erección en los varones se ve dificultada con dosis medias-altas. Algunas personas utilizan fármacos anti-impotencia para contrarrestar este efecto, aunque existen potenciales efectos secundarios y riesgos. Una alternativa es explorar otras formas de sexualidad que no impliquen necesariamente erección-penetración.

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