Tranquilizantes

 

En esta sección definimos como “tranquilizantes” distintos fármacos de prescripción médica:

  • Benzodiacepinas como el diazepam (Valium), lorazepam (Orfidal), lormetazepam (Noctamid), alprazolam (Trankimazin)… que se utilizan en el tratamiento del insomnio o la ansiedad.
  • Fármacos “Z”:  zolpidem (Stilnox), zoplicona, zaleplon.
  • Antihistaminicos: doxilamina (Dormidina), difenhidramina (Soñodor).

Estos fármacos se utilizan en ocasiones para contrarrestar los efectos negativos de un exceso de estimulantes o conciliar el sueño después de una sesión. Algunas personas también los emplean para mitigar los síntomas de un “bajón” como paranoias, ansiedad o depresión o para cortar los efectos de un “mal viaje” con un alucinógeno.

 

Riesgos para la salud:

 

La potencia y duración de efectos de cada uno de estos fármacos es muy distinta. Por ejemplo, 5 mg de diazepam equivalen a 1 mg de lorazepam o a 0.5 de alprazolam. Conviene conocer las características del fármaco para evitar sobredosificaciones. Dependiendo de las drogas que se hayan tomado y la potencia de los fármacos, el efecto puede ser insuficiente o excesivo.

Las alteraciones en la memoria (amnesia después de haber tomado la pastilla) y cansancio, dolor de cabeza o resaca son los efectos secundarios más frecuentes.

Los “fármacos Z” producen amnesia, alucinaciones o comportamientos extraños con más frecuencia, por lo que conviene acostarse nada más tomarlos.

Estos fármacos generan tolerancia y dependencia con rapidez. Con solo unas pocas semanas de uso pueden producir insomnio como rebote al dejar de usarlas y síntomas de abstinencia.

Los antihistamínicos son de acceso más sencillo ya que pueden adquirirse sin receta médica. Sin embargo sus efectos secundarios y los riesgos de interacciones son mayores.

 

Mezclas con drogas y fármacos:

 

La combinación de estos fármacos con drogas de efectos depresores (alcohol, GHB, opiáceos…) puede producir la muerte por depresión respiratoria. Es una mezcla extremadamente peligrosa.

Los antihistamínicos pueden producir taquicardia o arritmias en combinación con estimulantes como la cocaína, anfetaminas o mefedrona.

La combinación de algunos de estos fármacos (alprazolam, clonazepam, midazolam o trizolam) puede dar lugar a interacciones graves en pacientes con VIH en tratamiento con ritonavir, cobicistat o efavirenz. El lorazepam parece ser la benzodiacepina más segura para pacientes en tratamiento con antirretrovirales aunque siempre conviene consultar con el médico.

 

Consejos para un uso más seguro:

 

Aunque en dosis bajas pueden desinhibir o relajar a algunas personas, los efectos de estos fármacos sobre la esfera sexual son en general negativos ya que producen sedación como efecto principal.

Dependiendo de las circunstancias y el contexto, un uso puntual puede tener un balance positivo de beneficios y riesgos. Pero conviene no habituarse a que los tranquilizantes sean el “postre” para finalizar una sesión tras consumo de drogas. La posibilidad de reacciones imprevisibles, el potencial de dependencia y los propios riesgos de estos fármacos hacen que no se trate de una opción razonable.

De cara a regular el sueño, conviene planificar los consumos teniendo en cuenta que habrá que dejar un tiempo suficiente para descansar antes de incorporarse a la vida cotidiana. Ponerse un límite horario al uso de estimulantes, intentar respetar los ritmos naturales del sueño (no acostándose a media tarde, sino esperando a la noche…), alimentarse de forma adecuada…son pautas que pueden ayudar.

De forma ocasional estos fármacos se pueden utilizar con fines delictivos. Existen casos en los que se administran a una víctima de forma involuntaria (disueltos en la bebida) para cometer abusos sexuales o (con más frecuencia) robarle la cartera. Aunque estos episodios se han exagerado y vendidos de forma sensacionalista en los medios de comunicación, conviene tener una actitud prudente basada en sentido común.

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